Prepárense para el escalofrío. Cuando escuchemos “Lost & found”, el tema que abre y titula este debut de Jorja Smith, será difícil sustraernos a la inquietante sensación de que Amy Winehouse ha regresado entre nosotros, circunstancia que los muchos siglos de historia ya acumulada demuestran poco probable. Pero sí, ahí están los indicios: esa calidez ácida, ese punto de vitriolo y desazón en la garganta; la emotividad de quien, aun siendo tan joven, ya siente el trasfondo grave de lo vivido. No sucederá así durante todo el disco, conste, y no sabemos si para bien o para mal. La parte positiva es que no estamos acostumbrados a la psicofonía como medio frecuente de expresión musical; la menos alentadora, que el álbum presenta un tramo central más ligero y vaporoso y que, en su afán por agradar, puede resultar un tanto evanescente. El caso es que Jorja, que acaba de cumplir 21 añitos, proviene de Walsall (en las Midlands inglesas) y llevaba ya dos temporadas difundiendo sencillos en el circuito independiente; entre ellos “Blue lights”, un alegato contra la violencia policial racista que reaparece en esta primera entrega oficial con toda su carga de significado. Quizá sea ese componente racial el mejor argumento de diferenciación con la añorada Winehouse; Smith, que también testimonia la pesadilla de la inmigración en “Lifeboats (Freestyle)”, no es ajena al lenguaje del hip-hop y ya se las ha entendido con Drake o Kendrick Lamar en algunas colaboraciones. El futuro, en su caso, es una realidad. Bendecida por todos, desde Jools Holland a los adalides de las nuevas tendencias, basta acudir a la enamoradiza “Teenage fantasy” o el tramo final del LP (“Goodbyes”, “Tomorrow”) para comprender que estamos ante algo grande.

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