Tiene mucho de fabuloso la historia de The Dells, una banda seminal del rhythm & blues que en 1971, cuando alumbró este disco (no bien difundido, pero exquisito hasta niveles abrumadores), ya acumulaba una década y media de actividad sobre los escenarios, casi siempre en un papel subsidiario. Los chicos habían ejercido como ejército vocal para respaldar a Dinah Washington, palabras mayores, y desarrollado su primera etapa con nombre propio en el viejo sello Vee Jay, donde rara vez les acompañó la fortuna: más allá de Oh, what a nite (1956), un pequeño gran clásico del doo wop, apenas lograron visitar las listas de éxitos. Pero su producción de los años setenta, sobre todo en su primera mitad, es quintaesencial. Y este disco lo corrobora con una sonoridad aterciopelada y una exhibición de voces entrelazadas muy poco frecuente. Eran, si queremos verlo así, los Crosby, Stills & Nash de la música negra. Solo que aumentados hasta cinco artífices.

 

A los mandos, el sello (por entonces ya Cadet, filial de Chess) les había colocado una pareja de postín, el productor Bobby Miller y un arreglista amigo del barroquismo, Charles Stepney. Y de ahí solo podían surgir filigranas. Perdura especialmente en la memoria The love we had (Stays on my mind), una de esas eternas baladas tórridas y cadenciosas que siempre arrojarán un buen resultado en una velada romántica. Pero las filigranas –metales, cuerdas, segundas y terceras voces– eran todavía más pasmosas en el caso de It’s all up to you. Y la versatilidad del quinteto le permitía llevar a su territorio, de manera convincente, un clásico a priori tan lejano como el tema central de Love story.

 

La interacción principal, entre Johnny Carter (tenor) y Marvin Junior (barítono), prolonga la sensación de estado de gracia durante toda la entrega: tersa siempre, pero nunca exenta de garra, incluso de grandes guitarras eléctricas. Y de cierto compromiso social, como demuestra el tema de apertura, una circunstancia poco frecuente en las andanzas de nuestros amigos de Chicago. Como toque estrafalario, al final del álbum se incluye un corte, Freedom theme, firmado por Stepney y consistente en 20 segundos de… puro silencio. Mejor el que se merece, por nuestra parte, el resto de este viejo y reluciente prodigio del soul más imperecedero.

 

 

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