Los álbumes en directo suelen ser buenas excusas para la celebración, la recopilación y el alborozo, una toma de temperatura de la banda en un momento y lugar determinados, una ocasión para el abrazo y el encuentro, para el calor y la energía retroalimentada. La comparecencia de Manchester Orchestra en un escenario ilustrísimo, el londinense Union Chapel, tiene en cambio un aire radicalmente distinto, casi de elegía y de oración (ahí lo de la “capilla” del emplazamiento adquiere todo su significado). Representa un homenaje sobrevenido a Tim Very, el batería más longevo de la banda, que falleció súbitamente este pasado mes de febrero a los 42 años. Y aunque estas grabaciones sean en realidad anteriores a la tragedia, la banda ha querido recordar a su gran amigo a la hora de ponerlas en circulación, aprovechando que el tono desnudo, contrito y compungido se adecúa maravillosamente bien a esta sensación de pérdida, ensimismamiento y búsqueda de la belleza como única vía de escape frente al peor de los desasosiegos.
Union Chapel es el fruto de una residencia de tres noches en el recinto del barrio de Islington durante las que Andy Hull, cantante, compositor y fundador de los de Georgia (Atlanta) decidió comparecer con la única compañía de su guitarrista y mano derecha, Robert McDowell, que en ocasiones sustituye las seis cuerdas por un teclado igual de recatado y de sucinto. No hay ocasión para el revuelo durante esta hora y media de música reconcentrada, hermosa y mínima, sustentada en la voz doliente, casi plañidera, de Hull y un gusto exquisito por el arpegio y el mimo acústico.
El tono entronca con ese mismo aire doliente y acongojado que ya había servido como hilo conductor para The valley of vision (2023), último trabajo hasta la fecha de una formación que ha vivido otras etapas más expansivas, a veces con ramalazos incluso progresivos. Pero Hull parece encaminarse a una expresión cada vez más en solitario y ha encontrado en la muy bella pureza de estas interpretaciones una manera de encauzar su discurso. Y de hacerlo compatible con el dolor añadido de la pérdida, que plasmó en un comunicado conmovedor. “Me he dado cuenta de que nunca volverán los buenos tiempos. Creo que esta es la primera vez en toda mi vida en que sencillamente no puedo encontrar las palabras”, escribió a sus seguidores.
El primor y la sencillez de Union Chapel puede servir para honrar a los que se fueron y celebrar la confluencia de nuestras vidas con estas canciones. Hull y McDowell ahondan en lo más selecto de sus álbumes A black mile to the surface, The million masks of God y Mean everything to nothing para exprimir esas esencias reconcentradas y darles una nueva dimensión, más introspectiva, a lo largo de 20 títulos ajenos a los aspavientos y a las prisas. Puede que esta parquedad severa no sea apta para todos los públicos, pero disfrutar del entrelazado acústico de The grocery, los siete minutos desgarrados de Angel of death o el pasmo (y sollozo) en I can barely breath es un privilegio que sentimos aquí, en una grabación técnicamente extraordinaria, como si nos hubiésemos colado entre las primeras filas.