Tim Burgess y sus amigos charlatanes llevaban mucho tiempo, incluso demasiado, sin juntarse a tocar y escribir nuevas canciones, pero las 11 páginas que aporta We are love al ya consolidadísimo repertorio de la banda demuestran que ni han perdido la química ni se les ha olvidado el oficio. Es más, hasta puede que el tiempo termine apuntalando este álbum bello, ensimismado, comedido y tristón como una obra maestra tardía en el catálogo de los de West Midlands, un arrebato adulto y sereno de genio y maestría en el que priman los ritmos medios y escasean los estribillos matadores, pero donde la gravedad y hondura del material acaban por filtrarse hasta los tuétanos de quien se tome la molestia de escuchar con atención.

We are love es, en efecto, un álbum de efecto retardado, lo que de manera automática lo convierte en material impropio para estos tiempos tan acelerados y compulsivos. Olviden la tentación del tarareo, incluso de los ojos en blanco propios de las noches eternas en la era del Madchester: aquí hay mucho más de rock sobrio, profundo y musculado de los años setenta, con algunas briznas de psicodelia y un gusto por el clasicismo que unos productores tan curtidos e ilustres como Stephen Street, Fred MacPherson y Dev Hynes no hacen más que apuntalar con cada una de sus decisiones frente a la mesa de mezclas.

No hay ebullición, sino una colección de instantáneas fotográficas que parecen amarillear por momentos: las pérdidas irremediables, las ilusiones sin materializar, el calor ocasional de las escasas personas que siguen manteniéndose incondicionales a nuestro lado y aún merecen la pena. For the girls es –avisamos– una de las más grandes composiciones en la carrera de The Charlatans, igual que Many a day a heartache refrenda las esencias sonoras que hicieron del cuarteto uno de los grandes referentes británicos de los noventa. Y Now everything sirve (siete minutazos largos) como una caída de telón solemne, tristona y de gran calado emocional: puro sentimentalismo y los arañazos cada vez más descarnados de esa crisis vital en plena edad madura.

Ocho años más tarde de aquel ya casi remoto Different days (2017), lo mejor que Burgess, Mark Collins, Tony Rogers y Martin Blunt aportan aquí es esa evidente sensación de bienestar como compañeros del mismo equipo, el placer que respiramos como espectadores y oyentes de su trabajo coaligado. No copará We are love esta vez grandes titulares, pero dentro de un montón de años lo seguiremos recuperando de la estantería mientras otros títulos y nombres propios se nos habrán disuelto en la memoria y seremos incapaces de ubicarlos.

Hay detalles que avalan todo el argumentario, como el regreso a los míticos estudios galeses de Rockfield o la presencia de un ilustrísimo Kevin Godley (sí, 10cc y Godley & Creme) como responsable de las segundas voces. Después de 35 años y 14 álbumes, The Charlatans no hablan al tuntún sino que son unos oradores clásicos y consumados. Y a mucha honra.

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