Nos lo contaba el gran realizador y maestro de cineastas Fernando Méndez-Leite hace poco más de un año, cuando se disponía a presentar en el Festival de Málaga (a la postre cancelado, evidentemente) su documental La corte de Ana: “El problema de Ana Belén es que su vida carece de recorrido dramático. Ella es perfecta, no hay manera de encontrarle sombras, todo lo hace bien”. De cara al septuagésimo aniversario de Pilar Cuesta Acosta, que se celebra este 27 de mayo de 2021, esta espectacular caja antológica de cuatro cedés refrenda la veracidad de las palabras del biógrafo, más descriptivas que enfáticas.

 

No es normal lo de Ana. Hay una imperfección en su currículo abrumador, una sola: entre sus múltiples cualidades artísticas no ha incluido la escritura de canciones, o no ha querido mostrarla si es que en alguna ocasión la ha practicado. Pero cualquier observador desapasionado se quedará estupefacto al comprobar que conoce, y hasta podría tararear, el contenido de la inmensa mayoría de canciones incluidas en esta caja. Y no son pocas, no. Son ¡70! Cuatro discos, cuatro horas y tres cuarto de música, una presentación espléndida y una masterización mimada para dar gusto a los amantes de la edición discográfica de vieja escuela. Y un solo defecto a este respecto, más bien inconcebible: el libreto es generoso (92 páginas) y la información, prolija, pero no incluye entre sus datos los discos de procedencia de cada uno de los 70 cortes. Un olvido desdichado.

 

Por lo demás, la antología sigue al detalle la misma hoja de ruta que Sony Music ya empleó hace año y medio cuando quien se incorporaba al club de los septuagenarios era otro de nuestros ilustrísimos, Joaquín Sabina. Al igual que entonces, esta caja iguala años y número de canciones, ofrece una vista panorámica a lo largo de sus buenas cuatro décadas y opta por una ordenación subjetiva y musical del repertorio, seguramente mucho más amena que la cronológica, a veces tan encorsetada y predecible. Aunque entre los amantes de los recopilatorios hay apasionados debates al respecto de esa disyuntiva: ¿orden objetivo o subjetivo?

 

Aute, Fito Páez, María Dolores Pradera, Lucio Dalla, Chavela Vargas, Djavan, Ketama, Estopa, Francisco Céspedes, La Orquesta Mondragón, Carlos Berlanga, Antonio Flores, Antonio Banderas… Y, evidentemente, Víctor Manuel, cuya mano quizá también se deje notar en la selección y ordenación de los contenidos. La nómina de artistas con los que Ana ha compartido vivencias y micrófono es inabarcable, y hasta algún nombre se omite aquí. No está Sabina, de hecho, aunque su figura es referencial desde el momento en que la primera de las 70 composiciones escogidas es la monumental, enorme, imperecedera Peces de ciudad. Una página tardía para autor e intérprete, no lo olvidemos: solo contemplan 20 añitos a esa obra maestra (“Se llamaba Alain Delon…”). Abrir esta antología con ella sirve como refrendo a la inmensidad de Ana en su faceta musical, más allá de que algunos quieran considerarla más bien como “actriz que canta”. No es así. Ana lo es todo. Y su único problema, recordemos a Méndez-Leite, es que se ha empeñado en hacerlo todo bien.

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