Le asociamos con la segunda mitad de los setenta, incluso con renacimientos inesperados en los noventa (qué monumento aquella canción, Sierra), pero nuestro personaje de Ohio ya había debutado en 1969. Y un par de temporadas más tarde le fichó la todopoderosa CBS para apostar por él como uno de los nuevos grandes autores de la década recién nacida. Lo demostró con creces en muchas de estas diez canciones, pese a que la memoria colectiva, siempre con un margen holgado de capricho e impredecibilidad, lo haya borrado de casi todos los catálogos.

 

¿Por qué apenas nadie recuerda este disco? Del amigo Boz siempre nos viene a la cabeza Lido shuffle, su enorme éxito del álbum Silk degrees (1976): tan elegante y ampuloso, tan rotundo y grandilocuente. Estupendo, sí, pero a ratos quizá atildado. Redescubrir esta obra primeriza y más humilde (era un chavalín enfrentándose a su segundo disco) constituye un ejercicio encantador, la investigación en esos huecos orillados de la memoria que bien merecen unos minutos de luz esclarecedora. Están las canciones, ante todo, que ya eran enormes. Está el tanteo, el picoteo, la introspección: una cierta timidez expresiva que se nos antoja deliciosa. Está esa producción elegante y mimosa de Glyn Johns, con el que tantas veces sentimos la tentación de escribir en mayúsculas. Y está incluso la pequeña osadía de cerrar la obra con un instrumental, Can I make it last, que figura entre lo mejor del álbum, incluso aunque se sospeche bajo el influjo del Albatross de Fleetwood Mac.

 

Una recomendación extemporánea, parece; hasta que descubramos o nos reencontremos con ese radiante sol de portada. Era un Scaggs en fase de búsqueda y tanteo: había debutado con un disco homónimo muy escorado hacia el rock sureño, pero aquí se movía entre el soul abrasivo de We were always sweethearts y el sentimentalismo con cuerdas, muy a la manera californiana, de la extraordinaria Painted bellsIncluso en Downright women se asomaba (¡esas flautas!) el pop de regusto jazzístico del que pocos años después haría bandera Michael Franks. Otro ejemplo, curioso, de gran compositor infravalorado.

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