Este disco es un delirio. De los grandes. Y debería comercializarse con una gran pegatina en portada que alertase no sobre el parental advisory, sino respecto a su enorme potencial de adicción. Que se acerca a niveles alarmantes. Porque los hermanos D’Addario consiguen aquí lo inimaginable: en tiempos de sobreabundancia informativa y picoteo errático para el consumo musical, este vinilo en rojo chillón llega para hacerse fuerte en el giradiscos; para demandar, una tras otra, varias escuchas sin descanso. Toda una rareza. O, más bien, todo un milagro.

 

A los culpables de este bendito disparate los tenemos en portada, por primera vez en su discografía. Quizá sea un gesto de orgullo, y a fe que pueden estar orgullosos. Quizá, una manera de facilitarnos la tarea en caso de que optemos por rellenar la hoja de reclamaciones: los culpables de que nos hayamos enganchado y ya no nos podamos desenganchar son esos dos veinteañeros. Brian y Michael D’Addario, ahí los tienen. Bien se los ve: flacuchos, desgarbados, más bien feotes. Estrafalarios en el atuendo y maquillados hasta las cejas. Parecen sacados de una gran fiesta glam, no más allá de 1974. Lo mejor del caso es que a su música le sucede exactamente lo mismo. La escriben dos mocosos que vinieron al mundo, aproximadamente, cuando triunfaba Titanic. Pero que han decidido escribir música de otro tiempo y dimensión. Casi, a estas alturas, de otro planeta.

 

Quien no haya escuchado a Slade y sus enloquecidas lecciones de glam-rock puede adentrarse en los rudimentos del género gracias a MoonLeather together (que deja a The Darkness a la altura del betún) o la despepitada Hell on wheels, una apertura que ya vaticina un álbum glorioso (en realidad, esta última también podría estar firmada por… ¡Meat Loaf!). El que necesite la gran canción del verano de 2020 ha de anotarse, inexorablemente, Live in favor of tomorrow, superlativo prodigio de pop barroco que habrían hecho bien en grabar,  medio siglo atrás, The Left Banke. Y aquellos que quieran comprender por qué Billy Joel fue un tipo tan grande, aunque no quede elegante mencionarlo entre los referentes, habrán de prestar atención a la otra joya mayúscula de este trabajo, No one holds you (Closer than the one you haven’t met).

 

El mapa de influencias, en cualquier caso, es tan fascinante como inagotable. Michael y Brian incluso se permiten cerrar con una miniatura folkie y enternecedora, Ashamed, que en su primera mitad imaginaríamos extraída de alguna antología de Canterbury. Y Hog es la mejor canción que no escribirá este año Brett Anderson para Suede. D’Addario siempre fueron unos raros deliciosos; ahora, haciendo bueno el título del trabajo, se han propuesto conquistar nuestros corazones y salas de estar. Déjense hacer, si aceptan un consejo. Este disco es tan rematadamente bueno que no merece la pena oponer resistencia.

2 Replies to “The Lemon Twigs: “Songs for the general public” (2020)”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *