Mejor, mucho mejor una reseña tardía que un silencio injustificado. El estreno discográfico de Vicente Navarro tuvo lugar a mediados del año pasado y pasó completamente inadvertido, por los motivos que fueran, en casi todos los foros. También en este. Estamos aún a tiempo de enmendar el error y contribuir al conocimiento de este muchacho, porque este que aquí nos ocupa es un disco (y, en general, un caso) excepcional. El reciente Festival Internacional de Arte Sacro (FIAS) de Madrid, que estaba siendo un éxito clamoroso hasta que el maldito virus se lo llevó por delante, terminó por avalar el discurso de este madrileño medio manchego que suena a muchas cosas y a ninguna, que ha ido macerando una amalgama de ingredientes en la que muchos sabores fáciles de identificar han dado como resultado una receta completamente distinta. Como hombre bien documentado y acorde con su tiempo, Navarro ama la tradición propia, conoce a las nuevas generaciones anglófonas y no deja de mirar con simpatía a la hermandad latinoamericana. Y además, con naturalidad pero sin aspavientos, acepta que la electrónica puede servir, en dosis moderadas, para salpimentar el plato. El resultado es estimulante, por momentos incluso fascinante. Vicente le canta al amor, a la tierra y, en general, a la vida, desde esa nueva masculinidad que se olvida de la maldita testosterona y abraza la vulnerabilidad de Sufjan Stevens o Justin Vernon (Bon Iver); o, por buscar un equivalente peninsular, ese aire frágil, desvaído y muy sugerente de Pachi García “Alis”. No sabemos si Casi tierra es un disco de folktrónica o canción de autor de ninguna parte. No resulta sencillo determinar si el firmante es tradicionalista, contemporáneo o luminaria. El “casi” es lo más definitorio. Folk del mañana con raíces hondas. Un lenguaje renovadísimo y seductor a partir de elementos que estaban ahí, a disposición de un creador libre y sensible, esperándole. Toro es el mejor compendio de todo lo dicho, pero el disco no tiene desperdicio. Y hacía falta que constara, todo lo pronto que la tardanza nos lo permitía.

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