La historia de The Swell Season había sido lo bastante insólita y fugaz como para que nadie se hubiera parado a pensar en la posibilidad de que el dúo rubricara un tercer álbum bajo ese nombre nada menos que 16 años después de su antecesor. Pero el flechazo –en todos los sentidos– entre Glen Hansard y Markéta Irglová fue tan efímero como intenso, y que haya prendido ahora la chispa del reencuentro y la admiración mutua honra a las dos partes. Sobre todo porque Forward, este regreso que no figuraba en ninguna carta de navegación, es un disco rematadamente hermoso e inconfundible en las hechuras de su cancionero, pero hace bueno su título («Adelante»), elude la poderosa tentación de la nostalgia y retrata a sus dos protagonistas principales desde la perspectiva temporal y vital que les corresponde en el momento presente. Es decir, ahora que, como proclamaba Hansard en su por ahora última entrega en solitario, el ecuador de la existencia se ha sobrepasado con holgura y «todo lo que era Este se encuentra al Oeste de mí ahora».
El irlandés Glen y la checa Markéta, 18 años más joven que él, se conocieron, congeniaron, se enamoraron, aprendieron a escribir a cuatro manos e inspiraron una película, Once (John Carney, 2007), de planteamiento almibaradísimo y banda sonora extraordinaria, comenzando por aquel sublime Falling slowly que obtendría el Óscar a la mejor canción original. Luego llegaría el distanciamiento y la crónica de la separación con Strict joy (2009), un álbum precioso y tristón tras el que sus coartífices cambiaron de estado civil, anímico y hasta geográfico, ya que Irglová puso rumbo a Reikiavik y contrajo matrimonio con el músico local Sturla Mio Thorisson, que de hecho ejerce como productor y anfitrión en su propio estudio para esta vuelta a las andadas. Lo asombroso es que aquella atípica química entre Hansard e Irglová, el músico experimentado y la aprendiz casi bisoña, el hombre de voz arrebatada y la cantante frágil y emotiva, se haya conservado intacta tras tantos meses y kilómetros de distancia.
Puede que ocho canciones nuevas, tras 16 años con el proyecto en barbecho (bien es cierto que en 2023 ya hubo un sencillo, The answer is yes, que sirvió para emprender el deshielo), sepan a muy poco a quienes aún suspiraban cuando en sus listas de reproducción emergían Low rising, When your mind’s made up o If you want me. Pero todas las claves de esa magia y fascinación recíprocas han permanecido ahí, incólumes, gravitando en el ambiente como si nunca fueran a perder vigencia: las letras sentidísimas y confidenciales, la fibra sensible siempre incandescente, las emociones a flor de piel. Y esos estribillos in crescendo, y esos arreglos para unas cuerdas de esas que dejan los ojos acuosos y los lacrimales sobrados de trabajo.
Todo ese universo fabuloso reverdece en cuanto escuchamos Factory street bells, el primer corte de un álbum que sirve para recuperar al Hansard más volcánico y afligido, lejos de los experimentos desconcertantes de álbumes como This wild willing (2019). Ese dublinés que acostumbraba a resquebrajarnos los corazones regresa por sus fueros con Stuck in reverse, mientras la checa regresa a esas baladas ultrarrománticas al piano que, como I leave everything to you, parecen caminar por el filo de la melaza hasta que van cobrando cuerpo, emoción y vuelo elevado.
Además de esas grandes baladas que apelan a la resiliencia y a la bondad, Glen se saca de la chistera una gloriosa extravagancia de blues grandilocuente, Great weight, que se sale del guion como ningún otro corte. Pero es en la confluencia de ambas voces, plumas y talentos cuando nuestra claudicación se vuelve ya irreversible, como con People we used to be. Y todo ello hasta desembocar en un corte final, Hundred words, que representa el himno más indisimulado que Markéta y Glen han concebido jamás, por cuenta propia o compartida. Puede que en manos de cualquier otro, la solemnidad de una canción que repite como un mantra «No te rindas, no dejes de creer / Enciende el mundo» hubiese embarrancado de manera estrepitosa, y más aún cuando, en el empeño por dotar el mensaje de un énfasis aún mayor, se comete la osadía de incorporar a un coro infantil.
Todo ello es mera descripción, pero The Swell Season logran dotar de verdad y trascendencia lo que en manos de cualquiera se quedaría en cliché o, aún peor, caricatura. No se sientan mal si concluyen la escucha de Forward soltando alguna lágrima: la escritura grande y trascendente conlleva estas cosas.