Con seguridad, nadie incluiría a Curiosity Killed the Cat entre las cinco o diez bandas de su vida, pero la perspectiva y la distancia permiten encontrar enjundia donde al principio pensamos que solo existía algún destello circunstancial. Durante algún tiempo de aquella segunda mitad de los ochenta pareció que CKTC se convertirían en un fenómeno de masas, pero no pasaron de erigirse en una formulación perfecta sobre la teoría de los 15 minutos de fama. Para mayor ironía, el vídeo de “Down to Earth”, uno de los éxitos que aún hoy es reconocido y recordado, fue uno de los últimos trabajos que tuvo tiempo de rubricar… ¡Andy Warhol! Curiosity parecían llamados a liderar una segunda generación de “nuevos románticos”, tras el efímero apogeo de ABC, Haircut 100 o Spandau Ballet un lustro atrás. Para más inri, los cuatro eran manifiestamente guapos y coquetos (¿no sería la viserita del cantante, el querúbico Ben Volpeliere-Pierrot, la gran inspiración para el estilismo de Lisa Stansfield?), lo que los convertía en un esbozo de “boy band”. Pero hoy aún quedan las entrañables hechuras soul-funk para todos los públicos, el recuerdo de las docenas de veces que escuchamos “Misfit”, el homenaje a Sade que siempre nos pareció “Free”, el otro gran éxito masivo que nos perdimos con “Ordinary day”. Ahora se rescata este trabajo con su sucesor, “Getahead” (1989), infinitamente mejor de lo que puedas recordar (hay dos temas junto a Allen Toussaint, mucho ojito) y dos discos adicionales de remezclas, maquetas, versiones alternativas y rarezas varias. No sientas la menor mala conciencia por redescubrirlos con una sonrisa entre los labios.

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