El único defecto que se le puede atribuir a este hermosísimo primer elepé del galés Ali John Meredith-Lacey, el hombre que se oculta tras el sorprendente apodo de Novo Amor, es que el disco no parece tanto suyo como de Bon Iver (y, por extensión, de Iron & Wine). El parecido es evidente en ese timbre de voz agudo y delicado, fragilísimo con o sin falsete, y en las armonías vocales con las que Meredith-Lacey se dobla a sí mismo. El referente más claro es el de “For Emma, forever ago” (2008): recordemos que lo último que nos entregó Justin Vernon fue “22, A Million”, en 2016, un experimento con “autotune” pretendidamente transgresor y en la práctica desquiciante, así que en ese caso nos quedamos de mil amores con su seguidor antes que con el original. Nuestro Amor británico tiene 27 años, un par de epés previos, un álbum como dúo junto al folclorista electrónico Ed Tullett y el inesperado éxito de una versión iconoclasta de “Welcome to the jungle” con la que materializó una milagrosa mutación folkie para Guns & Roses. Pero “Birthplace” reduce todos estos logros previos a anécdotas. Los arreglos de cuerda son constantes y fabulosos, en particular para el apoteósico tema que titula el trabajo (Owen Pallett lo suscribiría con los ojos cerrados). La candidez prístina de “State lines” o la suave solemnidad de “Sleepless” son desarmantes, por más que conozcamos ya este lenguaje en labios de James Vincent McMorrow o, claro, S. Carey. Este último, batería precisamente de Bon Iver, y el galés Ali John se erigen en los dos más claros candidatos a esa nueva masculinidad sonora que manda al carajo la testosterona y, a cambio, abre los ojos a la inocencia. Una bendición.

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