A Margo Rae Price le sienta como un guante el sombrerito vaquero, una prenda que tiene toda la legitimidad para lucir y que recupera aquí en este quinto álbum que casi parece cerrar una trilogía con sus dos primeros elepés, teniendo en cuenta que el tercero (That’s how rumours get started, 2020) basculaba hacia el rock alternativo y su inmediato antecesor (Strays, 2023) se encomendaba al mismísimo Jonathan Wilson para sonar más psicodélica y ecléctica. Hard headed woman es, por contraste, un testarudo ejercicio campestre a cargo de una mujer magnética en su apostolado de la vida en la granja. Porque a este álbum finísimo no le falta detalle dentro de esas coordenadas: la de Illinois es una cantante y escritora extraordinaria, pero también sienta cátedra dedicando sus versiones del lote a Waylon Jennings y George Jones (¡nada menos!), escribiendo a medias con el muy ilustre Rodney Crowell (Red eye flight) y hasta desvelando una pieza de Kris Kristofferson a título póstumo, esa galopante Don’t let the bastards get you down.
Price se consolida así como esa gran estrella del country concienzudo pero contestatario, una suerte de Emmylou setentera que ya barruntase la llegada de kd lang y, sobre todo, dispusiera de una suerte de The Heartbreakers como banda de acompañamiento. De ahí que el engranaje final resulte tan poderoso: confluyen piezas de sólido tallado y remate fino, y el paisaje abarca desde el honky-tonk tabernario a la balada capaz de derretir los corazones más impávidos, como en los casos sobresalientes de Close to you y Nowhere is where.
Da lo mismo: en el modo abiertamente heterodoxo o en el más pretendidamente clásico (que parece ser el caso), Margo Price logra sonar orgullosa, decidida e inaprensible. Pueden entrar en liza los metales (I just don’t give a damn) o los violines con aroma a hierba recién cortada, sin recalamos en Keep a picture, pero la capacidad de seducción prevalece siempre. Esta vez bajo la tutela en la producción de Matt Ross-Spang (Jason Isbell, St. Paul and the Broken Bones…), el mismo que dirigió su primer y segundo elepé, nuestra granjera reformula los principios ya no tan sacrosantos de Nashville y graba el álbum que le ha dado la realísima gana. Como tiene que ser.