Cuesta creer que hace una década aún no tuviéramos siquiera noticia de la existencia de Big Thief, porque a estas alturas ejerce reiteradamente como una de las bandas más fascinantes e indispensables que pueblan la faz de la tierra. Y los neoyorquinos se han hecho imprescindibles sin racanerías, porque este trabajo que nos ocupa es ya el sexto de la colección. Double infinity se erige en una referencia una vez más absorbente –y puede que hasta catártica–, que además exhibe personalidad propia sin renunciar a los elementos más identitarios de la formación, comenzando por esa voz perezosa, sollozante, doliente y emocionantísima de una Adrianne Lenker a la que solo podemos considerar ya como uno de los mayores prodigios presentes de la música popular.

Reducidos a la condición de trío tras la deserción de su bajista y fundador Max Oleartchik, Big Thief no solo se achantan en Double infinity sino que se vuelven más expansivos y experimentales que nunca. Si tres años atrás su doble álbum Dragon new warm mountain I believe in you era una obra adictiva y estructurada, las nueve piezas ante las que nos enfrentamos ahora presentan estructuras más libres y abiertas, como si un cierto espíritu jazzístico y bohemio hubiera impregnado las sesiones. Lenker no solo es aquí vulnerable, frágil y poética, sino que se abona a la fascinación de los mantras. El suyo se vuelve un cántico absorto y reflexivo (No fear) en el que se desvanecen las clásicas dicotomías entre estrofas y estribillos: aquí no nos enfrentamos a un lote de canciones, sino más bien de oraciones. Paganas, sí, pero igualmente trascendentales.

La auténtica magia de Big Thief radica en que su escritura jamás resulta evidente, pero tampoco inexpugnable ni intrincada. Conviene ir deshojando poco a poco su hechizo, eso sí: Double infinity es un álbum llamado a gustar en una primera escucha y a arrebatar a la altura de la décima, porque su hechizo se vuelve progresivo y envolvente. La guitarra de ese absoluto genio en la sombra que es Buck Meek tiene mucho que ver en ello, sin duda, pero no pasemos en ningún caso por alto el influjo del octogenario gurú del ambient Laaraji, habitual de Brian Eno. Sus cánticos (o, más bien, lamentos) afloran en Grandmother, pero su ascendente sobrevuela toda una obra que casi plantea tres cuartos de hora de trance, ojos cerrados y emoción implosiva.

Puede haber chispazos de dopamina aquí y allá, como con la obsesiva Happy with you, pero Adrianne es en general más propensa a la intersección entre optimismo y melancolía. La percusión es más prominente que nunca en la obra de Big Thief gracias a la irrupción del fantástico Caleb Michel (Afro-Cuban All Stars), mientras que el epílogo de How could I have known es lo más parecido a la canción de autor folkie de todo el trabajo. Pero antes de eso habremos de afrontar el pálpito de Los Angeles, Words o All night all day, canciones ya inexcusables en el repertorio de un grupo de apariencia ensimismada pero naturaleza de gigante.

2 Replies to “Big Thief: «Double infinity» (2025)”

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