Trixies es un disco asombroso con una historia más asombrosa aún, hasta extremos que la convierten en casi inverosímil. De hecho, Glenn Tilbrook y Chris Difford hacen bien en acompañar la grabación presente de este decimosexto álbum de Squeeze con las maquetas que, fechadas hace más de medio siglo, sirven como la definitiva prueba del delito, la demostración documental de que este ciclo de canciones debió de ser, en realidad, el primer álbum de una banda que no llegaría a reunir arrestos suficientes para debutar discográficamente hasta tres o cuatro años más tarde de todo aquello. 

Es ya un lugar común situar a Difford y Tilbrook como uno de los más legítimos y evidentes herederos del talento de Lennon y McCartney en la historia del pop británico, y los fabulosos frutos que han surgido de sus puños y letras (Labelled with loveTemptedPulling mussels from the shell) probablemente merecerían mayor difusión de la que han gozado, solo más o menos generosa en el territorio doméstico. Pero teniendo en cuenta que el primer sencillo con el nombre de Squeeze en portada, Take me I’m yours, tiene fecha de 1977 (y el nombre de John Cale dando lustre a los créditos como productor), en ningún caso habríamos imaginado que el dúo ya había compuesto allá por 1974 un álbum completo, Trixies, que registró en forma de maqueta pero no llegó nunca a pasar por ningún estudio de grabación. Hasta da la impresión de que sus autores habían olvidado a medias, o totalmente, la existencia de un repertorio que en su día no acertaron a materializar por pura impericia, inexperiencia y falta de medios, pero que ya dejaba muestras inequívocas de un talento muy fuera de lo común. 

“Las de ahora son las mismas canciones que escribimos entonces. La única diferencia es que ahora puedo enseñárselas al resto de la banda, mientras por entonces ni siquiera sabía cómo se llamaban aquellos acordes”, ha resumido Tilbrook a la hora de explicar el más que azaroso periplo que ha vivido este cancionero hasta llegar a nuestros oídos. De aquella, Glenn apenas alcanzaba los 16 años y Chris andaba por los 19, pero ya eran capaces de imaginar un ciclo de canciones sobre un local noctámbulo y pendenciero, el Trixies, por el que transitaba una fauna bohemia y dispar. Y no es que la idea funcionara: sucede que varias de sus páginas son fabulosas, y al menos You get the feeling o The jaguars merecen los más altos honores al mismo nivel que los más excelsos títulos con los que la pareja dejó huella a finales de los setenta y durante los albores de la década siguiente, su etapa más fructífera (aunque, más allá de altibajos e intermitencias, nunca hayan abandonado del todo el trabajo en equipo).

La huella de McCartney es evidente en la inaugural What more can I say? o la mencionada You got the feeling, mientras que las dos mitades del colofón de Trixies (Part one) / Trixies (Part two)tienen mucho de musical y The place we call Mars es un homenaje flagrante y precioso a, cómo no, David Bowie. Pero ya que andamos a vueltas con las parejas de autores, queda también la sospecha de que estos adolescentes precoces habrían sido unos competidores deliciosos de Gerry Rafferty y Joe Egan, porque un buen puñado de estos cortes remiten a las enseñanzas adorables de Stealers’ Wheel. 

El resultado es tan encantador que esa intrahistoria de la obra primeriza abandonada hasta el olvido podría parecer disparatada de no ser porque las balbuceantes y muy básicas –pero preciosas– grabaciones de hace medio siglo se facilitan en el disco adicional, junto a un par de recreaciones de 2024 desde el escenario del Roundhouse londinense y la versión en flamante Dolby Atmos del disco final y felizmente existente ahora. Seguro que Chris y Glenn no han dejado de anotar nuevas ideas en sus libretas, y confiemos en que les den forma en futuras entregas, pero Trixies es un regalo que se merecían ellos consigo mismos y del que nos beneficiamos todos. 

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