En los años más dorados del vinilo, los dobles discos en directo suponían un ritual casi ineludible para cualquier artista que se preciase. Muchos servían como meras postales de las giras más significativas, maniobras dilatorias para mantener entretenida a la afición y que la espera a una nueva entrega de material inédito no se hiciese demasiado pesada, pero algunos eran complementos verdaderamente sabrosos al material de estudio y unos pocos acababan haciéndose imprescindibles. A Frampton comes alive hubo que incluirlo de inmediato en este último apartado, a pesar de unas singularidades que el tiempo solo ha terminado acentuando. La fundamental, que Peter Frampton no era un tipo en exceso conocido, ni menos aún lo ha acabado siendo tras el implacable dictamen de los lustros. Muchos jovencitos mirarán esta portada con la curiosidad de la primera vez, y quienes la conserven en su colección (fue el álbum en vivo más vendido de todos los tiempos) tal vez caigan en la cuenta de que no recuerdan ningún otro elepé del firmante. Fenómenos extraños, pero edificantes: Peter era un genuino animal escénico, disponía de buena agenda (anduvo por las sesiones de grabación de All things must pass, de George Harrison, y había fundado Humble Pie junto al veterano Steve Marriott, de Small Faces) y registraba sobre las tablas ese chispazo temperamental que en la frialdad del estudio de grabación se le resistía. Por eso Frampton comes alive funcionó como ningún álbum anterior y se erigiría en referente y motivo de frustración de ahí en adelante. Hoy nos parece pasmoso que un disco así se convirtiera en material para el consumo masivo: algunas de las piezas iniciales, de Doobbie wah a It’s a plain shame, eran rock correoso y sin mucho remilgo, la lectura de Jumping Jack flash no aporta ningún matiz enriquecedor al original y un exitazo como Do you feel like we do hoy difícilmente accedería al top 10 que conquistó entonces. Pero escuchar Show me the way y Baby I love your way equivale a desplegar una bandera hermosa, en la que el color es indiferente, y ondearla con sumo orgullo. Los setenta no habrían sido los mismos sin Comes alive, sino un poco más anodinos.

4 Replies to “Peter Frampton: “Frampton comes alive” (1976)”

  1. Hola. Precisamente en este momento estoy escuchando este gran disco en vivo. Lo tengo desde Agosto de 1977 (tengo la costumbre de poner la fecha de compra de mis LP en la parte interior del sobre). O sea, hace 43 años que lo escucho, y cada vez me pasa lo mismo: al rato de poner el primer tema, quiero subir el volumen al máximo y abrir las ventanas… Tuve la suerte de ver y escuchar en vivo a PF en el Luna Park, en Octubre de 1980, y fue uno de los mejores recitales a los que asistí. Aclaro tuve la suerte de ver y escuchar a Queen en Velez (2 recitales), Clapton, Bowie, Mc Cartney y Waters en River, Pearl Jam en Ferro, U2 en La Plata, sin mencionar la infinita cantidad de recitales de grupos argentinos y latinoamericanos a los que asistí. Coincido con la definición: Frampton era un animal escénico. Impresionante.

    1. Qué bueno leerte, Claudio, gracias por el comentario, los recuerdos y la pasión. Envidia de esa enumeración de conciertos que mencionas, qué lujo. Y una confesión: yo también siempre anoto (salvo que se me vaya el santo al cielo) la fecha de adquisición de los discos… 🙂

  2. En estos días volví a escuchar a Frampton. Engañoso baby face, aunque lo era, de voz casi negra y soberbio guitarrista. Volver a escucharlo es como saborear un buen vino, como encontrarse con un viejo amigo.
    La historia te debe eso, querido Peter, reconocerte como alguien verdaderamente importante en el Rock n Roll.
    Saludos desde Buenos Aires

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