No, definitivamente ya no sirve solo con la poesía. Diego Vasallo llevaba dos décadas erigiendo un personalísimo universo de lirismo introspectivo, de mirada absorta y devastadora hacia el interior, pero la crudeza descarnada y crepitante de ese ecosistema estético y emocional ha dejado de ser suficiente. Puesto que el mundo se ha vuelto lo bastante hostil, antipático y cruento como para que no podamos permitirnos el lujo del ensimismamiento, llega la hora de gritar y expandirse, de hacer ostensible la rabia, la zozobra y un desasosiego que, salvo que optemos por el escapismo puro, ya no puede conjugarse solo en primera persona del singular.
De todo ese turbio caldo de cultivo anímico nace seguramente Løse, un proyecto que sin duda se encuentra a varios años luz de Duncan Dhu o los mucho más efímeros Cabaret Pop, las formaciones previas de Vasallo, pero que tampoco encaja con los parámetros que el compositor de Cien gaviotas (hoy suena casi pintoresco recordar su condición de autor de históricos himnos pop) ha venido cultivando durante su trayectoria áspera, rugosa, inapelable y asombrosamente inspiradora en nombre propio. Porque Løse sí que traza una línea de continuidad en cuanto a su poética a carne viva, la rima rigurosamente inexistente y esa voz incómoda, devastada y sepulcral, como de lobo que intenta aullar pero se descubre afónico. Pero opta por un revestimiento de post-punk denso e innegociable, casi ruidista, acaso con la sombra de Mark Lanegan asomando por el retrovisor. Una traslación metafórica de todo lo que incomoda y todo aquello con lo que, en justa correspondencia, se pretende incomodar a un oyente al que se acorrala hasta dejar ni un centímetro de espacio a la indiferencia.
Por todo ello no podía esta vez Vasallo abordar en soledad su nuevo empeño, y de ahí la cristalización de este nuevo quinteto que se concreta con las aportaciones del guitarrista Fer García (The Young Wait, ILL), su evidente nuevo brazo derecho; el batería Oriol Flores (IDOIA, Pol 3.14), el bajista Xabi Arratibel (Bananas, Hyedra) y un ilustre Germán San Martín (Loquillo, Quique González) frente a los teclados. Músicos correosos, acostumbrados a la fiereza y el pómulo marcado, capaces de intensificar y hasta solidificar un repertorio sin respiro ni concesiones, como demuestran los 10 minutazos inaugurales de esa suerte de manifiesto fundacional que es Pétalo en el aire. Sin piedad ni clemencia. Sin respiro. Y mejor así, porque con Løse no hemos venido a pasar de puntillas por encima de nada.
Hay algo remotamente parecido a un single, sí, en el caso de Hay un hueco en algún sitio, y un gusto por el trance exacerbado de la repetición en Cose mis heridas, donde Diego repite con insistencia febril «¿Eso qué significa?» mientras el pedal fuzz de la guitarra lo enmaraña todo como si un enjambre de abejorros se hubiera colado en la grabación. «Acompáñame otra vez hasta las lindes, donde lo nuevo espera», murmura (o musita) Vasallo en Con esta luz que nace, y ese proceso renovador, casi al filo del acantilado, simboliza bien la naturaleza creativa y rupturista de un proyecto tan incierto como estos tiempos en los que nos afanamos por seguir respirando. Qué bendición que un músico de la trayectoria del donostiarra siga dispuesto hoy, justo al filo de los sesenta, a seguir asumiendo retos. A caminar, desafiando el traspié, por el mismísimo alambre.