Ya que estamos con discos ‘orgullosos’, este figura entre los muy inapelables. Cuentan las crónicas que este venezolano radicado en Brooklyn, Alejandro Ghersi, conmocionó a cientos de personas, los que le conocían y quienes ni le imaginaban, en la más reciente edición del Sónar. No es de extrañar, porque esta aproximación a la electrónica suena mucho más sensible y vulnerable que altiva. Y, sobre todo, porque Arca no se escuda en el imperio de los cachivaches y las programaciones para cantar como cabe desear de cualquier artista: maravillosamente bien. Ese vídeo suyo para ‘Anoche’, con cuerpos masculinos entrelazados, no pretende en último extremo resultar homoerótico, sino una angustiosa llamada al desasosiego. A ratos, este disco duele. A ratos, pasma. E incluso anestesia, porque las heridas no pueden sangrar eternamente.

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