Quien acuda a Chloë and the next 20th century sin información previa se sorprenderá al descubrir cómo Chloë, el tema inaugural, remite con su aroma intensamente nostálgico e instrumentación a la antigua usanza a los años del tin pan alley y al Harry Nilsson más apegado por la vieja escuela, el de canciones como Old forgotten soldier o I’ll never leave you. Pero la asociación de ideas con aquel malogrado geniecillo neoyorquino se vuelve clamorosa al irrumpir el segundo corte, ese Goodbye Mr. Blue que se ha convertido en emblema para este quinto elepé del siempre seductor y arrebatador Josh Tillman. Los parecidos con Everybody’s talkin’ son tan flagrantes que no sabemos bien si asistimos a un sentido homenaje, una reescritura, un pastiche o, directamente, un plagio.

 

La canción es magnífica, sin duda, pero en un porcentaje elevadísimo ya llevaba escrita más de medio siglo. Y he aquí una sensación que se extiende, con diferentes grados de intensidad, por este disco a ratos espléndido pero a menudo también desconcertante. Ultrarromántico, sentimental y suntuoso, con prodigios de envoltorio orquestal como Kiss me (I loved you) o (Everything but) her love, que además le sirven para explotar su faceta de hombretón arrebatador, conquistador y a la vez vulnerable. Ya sacaba lustre a ese porte de baladista en su obra inmediatamente anterior, God’s favourite customer (2018), aunque su actitud era entonces más cáustica y afilada en lo temático. La sensación que prevalece ahora es de una mirada a las fuentes clásicas tan estrecha como para que FJM se haya dejado poco margen a la anotación de su propio puño y letra.

 

Las referencias a Harry Nilsson seguirán siendo reiteradas a lo largo de los 11 cortes, y al catálogo de ídolos en el santoral tillmaniano cabe incorporar, sin duda, a Randy Newman. Todo resulta exquisito, elegante, inspirado e irreprochable, de no ser por esa apelación tan acusada a la canción melódica de los años setenta, incluso con las pinceladas de color de un saxo tenor delicioso para Buddy’s rendezvous. Ni siquiera hay sobresaltos con el metrónomo, aferrado durante toda la obra a la balada solemne y el medio tiempo sublime, así que las pequeñas salidas de guion hemos de encontrarlas en ese Olvidado (Otro momento), con alma de bossa, y los siete minutos de éxtasis final para The next 20th century, un tema absorto, de espíritu casi circular y zen, quizá el más difícil pero también el más hermoso del lote.

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