Matthews sería un buen candidato a presidir ese nutrido colectivo de “anónimos ilustres” que, con cierta periodicidad, aderezan los márgenes de los mejores diccionarios del pop y el rock. Influye una especie de “mala suerte congénita”, de la que él es consciente y a la que se refiere entre la sorna y la resignación. Integrante de los primeros Fairport Convention, también fue quien descubrió y grabó ‘I don’t want to talk about it’ dos años antes de que Rod Stewart la condujera al número uno en medio mundo. Y algo parecido le sucedió con ‘Ol’55’ (de Tom Waits) y ‘Seven bridges road’, infinitamente más famosas en las lecturas posteriores de los Eagles. En el caso de aquella ‘Carretera de los siete puentes’, la versión que hizo popular el grupo californiano reproducía los arreglos previos de Matthews hasta el borde mismo del plagio. Yo le conocí por Radio Popular (mi agradecimiento eterno al maestro Vicente Cagiao) por este disco, tan olvidado como fabuloso. No hay trabajos en la cantera del ‘soft pop’ que mejoren esto, de veras. Quien escuche los 60 segundos exactos y a capela de ‘Carefully taught’ lo comprenderá. Igual que quien se adentre en ‘Sail my soul’ y ‘Let there be blues’, dos baladas primas hermanas y sencillamente fabulosas. Ian (que con los años se reformularía como Iain, para presumir de pedigrí escocés) era delicado, refinado, elegantísimo. Como su voz. Cualquiera que le conozca acabará adorándole. Pero no se lo digáis a todo el mundo: que quede entre nosotros.

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