Nos vienen a la cabeza pocas bandas más robustas y fiables en el panorama del rock estadounidense que Kings of Leon, cuatro parientes dispuestos desde el primer día a conjugar fiereza y terciopelo. Si alguien les hubiese perdido la fe a la altura del dubitativo Come around sundown (2010) o el dispar Mechanical bull (2013), ahora resulta evidente que podemos recuperarlos para nuestras oraciones. Walls, cinco temporadas atrás, volvió a ser una entrega rutilante, así que los hermanos y el primo Followill han retenido a su productor de entonces, Markus Dravs, para firmar no tanto una prolongación como el reverso de la moneda. Y el resultado es delicioso.

 

A Dravs se le dan de lujo los contextos sonoros apoteósicos, como demuestra su currículo junto a Arcade Fire o Mumford & Sons, pero esta vez ha de lidiar con unos Leon menos dispuestos a mostrar el colmillo que las vulnerabilidades del corazón. No quiere ser el león tan fiero, y de ahí que la familia se retrate en blanco y negro y con las congojas derivadas de la mediana edad, puesto que las suyas ya son dos décadas de reinado en coalición. Por eso la entrega abre con los casi seis minutos de la circunspecta y ambiental When you see yourself, are you far away, y acumula tiempos medios en escalas como A wave o la fantástica 100,000 people, donde los sintetizadores reclaman casi más protagonismo que las guitarras.

 

Pero estamos en Nashville, señores, y los Leon siempre tienen disponible el modo apisonadora. The bandit es sencillamente uno de sus mejores sencillos en décadas, con ese riff adictivo en las cuerdas graves de la guitarra. Golden restless age gana empaque a cada segundo después de comenzar con apenas una precaria caja de ritmos. Y tampoco obviemos joyas más escondidas en la segunda mitad, como ese Supermarket de bajo hipnótico y obsesivo. O el encantador soplo acústico que nos mece en Claire & Eddie, una de esas canciones pluscuamperfectas para entornar la luz. When you see yourself no es tan pétreo como Walls, en efecto, ni tan instantáneo. Pero su dimensión autoexploratoria lo convierte en apasionante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *