Ríanse ustedes desde ya mismo de los que se las dan de espíritus libres e independientes: en comparación con los gallegos Loiros, acabarán pareciéndolos unas pobres almas acomodaticias, aburguesadas y vendidas a los principios fundacionales del credo capitalista. Este plurinacional cuarteto vigués conserva la fe en el soporte físico, pero la excelente edición en vinilo de Back from the edge solo puede conseguirse en los conciertos y es, como mínimo, peculiar: la portada y contraportada es un cartón blanco sin una sola letra, marca, trazo o indicación, la presentación gráfica se reserva para la funda interior y las letras se adjuntan en una carpetita con folios, para que todo resulte una manufactura de lo más artesanal. A la espera de que se los encuentren en los escenarios de su ciudad (y merece muchísimo la pena descubrirlos, ya lo vamos avanzando), la alternativa digital también tiene su miga. Olvidémonos de Spotify y demás plataformas al uso, que la banda desdeña por sus políticas rácanas para compensar a los compositores e intérpretes; toca buscarlos en Bandcamp, que también existe y se porta mejor con quienes, a fin de cuentas, son los que más deberían contar en la ecuación.

 

Todas estas peculiaridades no pasarían de ser una anécdota si el contenido no igualase en singularidad al continente, y este segundo elepé de Loiros confirma las sospechas: ni en Galicia ni en el resto del territorio ibérico encontraremos ahora mismo ninguna otra formación adscrita a estas coordenadas. Para quienes no les conozcan, que por ahora serán amplia mayoría, hablamos de un grupo que fundan dos gallegos, el guitarrista y cantante Virxilio da Silva y el batería Héctor Agulla, pero a los que acaban incorporándoseles un bajista alemán, Felix Barth y un segundo guitarrista, Wilfried Wilde, con DNI francés. Componen a ocho manos, las letras –siempre en inglés–casi siempre salen de la pluma de Agulla y la música es lo bastante compleja, intrincada y laberíntica como para que los temas ronden casi siempre los seis o siete minutos. En el caso concreto de este segundo álbum, basta con media docena de cortes para redondear un trabajo tan hermoso, seductor y absorto que acaba pasándosenos por delante (o por encima) en un suspiro.

 

Hay mucho de post-rock en la fórmula de estos Loiros, amigos de interludios instrumentales en medio de las canciones, de ritmos que pillan a contrapié y evoluciones armónicas inesperadas. Han tenido que escuchar jazz de nueva escuela y rock progresivo a raudales, igual que deben conocerse la dolorosamente exigua discografía de Jeff Buckley al dedillo. How does it feel, por ejemplo, recuerda mucho en sus arpegiados de guitarra inaugurales a Grace, y Wave goodbye casi podría pasar por una oda póstuma a aquel genio efímero y desdichado de los noventa.

 

Añadamos, dentro de las filiaciones progresivas, la huella de King Crimson en Blink of an eye, quizá lo más deslumbrante en un disco ya brillante de por sí. Ese tristísimo y lindísimo dibujo melódico de la voz, que acaba en súbita línea descendente, obtendría con seguridad las bendiciones de Robert Fripp (que, a fin de cuentas, es otro antisistema en esto de las relaciones con la industria fonográfica). Pero que nadie se asuste con un disco que no es complejo o inexpugnable, sino solo riquísimo y diferente. Una sorpresa monumental que se escapa de casi todos los radares, pero sobre la que merece la pena colocar los focos de inmediato.

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