Nos encontramos, por muchos motivos, ante un álbum diferente y fascinante. Manu Delago es un tirolés de 34 años afincado en Londres que se ha convertido en uno de los principales intérpretes de hang, esa especie de doble concha temperada de acero que sirve como percusión afinada y suena como una campana resonante y ancestral. Y estos 33 minutos de música instrumental, absolutamente adictivos, nacen de un reto muy infrecuente. El septeto constituido por el austriaco para la ocasión agarró mochilas y piolets para encaramarse a remotos picos de los Alpes, donde grabaron esta música con sonido directo, el viento azotándoles los rostros y sin retoque alguno durante todo el proceso. “Parasol peak” suena a música de cámara contemporánea, con trompeta, trombón, un par de acordeones, percusiones y hasta un violoncello como principales aliados sónicos para las notas intrigantes del hang. Delago, colaborador habitual de Björk, es más lírico que minimalista en sus composiciones, así que puede recordar antes al Portico Quartet o determinados referentes de los años de Windham Hill (Shadowfax, sin ir más lejos) que a Terry Riley o Michael Nyman. En cualquier caso, y pese al componente experimental, el encanto y la accesibilidad de estas postales sonoras son instantáneos. Así sucede con la pieza inaugural, “Parasol woods”, o esa preciosidad titulada “Lake serenade”, pero toda esta media hora larga es pura emoción lírica, una preciosa banda sonora que se libra de constreñimientos audiovisuales. Y una excusa perfecta para vaciarnos la cabeza de inmundicias y dejar que nos lleve bien lejos nuestra imaginación. Mucho más allá de los Alpes, si es preciso.

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