En otoño de 1992, mientras cubría el Festival de Jazz de Madrid para el diario ABC (y no sé si, por bisoñez extrema, la temeridad era mayor por mi parte o por la del propio periódico), el batería Vicente Climent me confió en un descanso que acababa de grabar con Esclarecidos una adaptación al castellano de Heaven, el tema de Talking Heads. Aquella versión acabaría apareciendo al año siguiente dentro del recopilatorio Un agujero en el cielo. Se tituló, claro está, Cielo, y descubrir que la traducción prácticamente literal de la letra también encajaba en castellano me hizo admirar aún más las dos partes de la ecuación, la neoyorquina y la madrileña. Aquel estribillo (es un decir) tan gloriosamente sardónico, “Cielo, cielo es un lugar / donde nunca, nunca pasa nada”, me ha empujado a reincidir no pocas veces en el disco que incluía Heaven, este Fear of music en el que todo, desde el título y su misma portada, sigue pareciéndonos fascinante. Las Cabezas Parlanchinas siempre han figurado en la parte altísima de la clasificación de bandas para el asombro: eran cultísimos, avanzadísimos, exquisitos pero también hilarantes, innovadores en cada transgresión. Hoy puede que ya nos hayamos habituado todos a la voz de David Byrne, pero ese componente histriónico, esa sensación de que está cantando demasiado agudo, sin un solo melisma y siempre al borde de soltar un gallo o quedarse afónico, es parte ya del patrimonio universal de Nueva York y el siglo XX. Y en Miedo de la música había tanta sustancia musical que procesar que hasta acaba justificándose tanto ese supuesto temor como incluso la etiqueta de art-rock, que siempre nos sonó grandilocuente pero para este cuarteto parece hecha cual dedo y anillo. Aquí se apilaban algunas de las canciones más alucinantes de Byrne (Cities, Memories can’t wait, la enorme Life during wartime), pero además la colección se abría con I zimbra, donde entre la banda y su productor de cabecera de la época, el mismísimo Brian Eno, se adelantaron en la asunción del latido africano tanto al Peter Gabriel de Biko (1980) como al Paul Simon de Graceland (1986). Tantos años después, Fear… ya no sugiere miedo, pero sí mucho asombro.

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