En tiempos de zozobra, y a fe que estos lo son hasta extremos cada vez más descorazonadores, ha tenido que venir un señor de setenta y tantas primaveras, pelo blanquísimo y trayectoria artística computable en años luz para ponernos las pilas, sacudirnos las entendederas y provocar un pequeño cortocircuito en nuestras neuronas que nos saque de la abulia y reactive las ganas por vivir. Por brincar, alborotarnos y sacar de una maldita vez la cabeza del agujero.

David Byrne sería una parte esencial –y hasta existencial– de nuestra cultura popular aunque no hubiese movido un músculo desde la disolución de sus Talking Heads, lo que nos lleva casi cuatro décadas atrás en nuestros relojes biológicos. Pero lejos de dormirse en los laureles o consagrarse a la holganza de la vida contemplativa, ha optado por servir de faro para jóvenes y no tan jóvenes, puesto que la perplejidad y el desasosiego son sinsabores rabiosamente contemporáneos e intergeneracionales. Por eso Who is the sky? es una llamada al alborozo, casi un portazo en las mismísimas narices de la abulia. Es, con todas las consecuencias, un cántico a la vida: más allá de que el mundo nos exhiba facetas cada vez más hediondas, viene a decirnos que aún está de nuestra mano encontrar motivos para que sigamos esbozando alguna que otra sonrisa. 

Bien es cierto que nuestro proverbial sabio de sangre escocesa y alma neoyorquina ya no tiene ninguna necesidad de mostrarse como un músico prolífico, y esta fabulosa interrogación sobre el dueño de los cielos (el título mismo ya es pura poesía filosófica) ha tardado siete años en cobrar forma desde los tiempos de American utopia (2018). Es más: en muchos motivos puede sentirse como una secuela aún de aquel trabajo, puesto que ahonda en las desazones del cariacontecido hombre moderno y urbanita para animarle a que reactive su riego sanguíneo. Por eso mismo puede que la sorpresa y la fascinación no sea tanta como en nuestra anterior cita con el autor de Burning down the house, sobre todo porque aquel trabajo se tradujo luego en un periplo escénico absolutamente inolvidable y hasta con derivaciones en la cartelera de Broadway. Pero todo lo que más nos estimula de Byrne sigue muy presente aquí, empezando por ese banderín de enganche, Everybody laughs, que en sí mismo ya es un chute de adrenalina y hasta un himno de connotaciones carnavalescas. Un estallido de confeti musical. 

La principal novedad aquí radica en la presencia de la Ghost Train Orchestra, una formación de la Gran Manzana que rearma las piezas de nuestro septuagenario y las dota de una pompa a veces camerística y otras más cercana a las marching bands. Y el otro ingrediente adicional de relieve lo encarna Kid Harpoon, el joven compositor y arreglista que ya redimensionó hace tres años a Harry Styles en Harry’s house y que aquí aporta una transfusión adicional de glóbulos rojos al torrente primigenio. De ahí esa sensación de pálpito y estallido, de canciones que invitan a dejarse la garganta (When we are singing) y disfrutar de los placeres cotidianos (My apartment is my friend) para acabar recalando siempre, o las más de las veces, en la media sonrisa del mejor ingenio (I met the Buddha at a downtown partyThe avant gardeI’m an outsider).

Para mantener el artefacto bien engrasado, Byrne se mantiene fiel a esa interpretación vocal aguda y casi histriónica, pero a la postre tan familiar y afable que la hemos integrado en el catálogo de nuestras mejores experiencias auditivas. Porque Who is the sky? es un sereno pero abrumador despliegue de ingenio y bonhomía, y nada como la delirante Moisturizing thing para demostrarlo: con aires casi vodevilescos, nuestro protagonista explica los efectos de una crema hidratante que le rejuvenece de manera tan espectacular que acaban confundiéndolo con un chiquillo de tres años. 

En momentos de edadismo rampante, Who is the sky? es el refrendo de que los verdaderos genios son jóvenes perennes. Su gran amiga St. Vincent, con la que rubricó incluso un disco a medias, se incorpora al gran festín de la mencionada Everybody laughs, mientras que Hayley Williams (Paramore) salpimenta la alborotada What is the reason for it? y el pulso frenético del batería de jazz Tom Skinner (The Smile) lo mejora todo. Pero al final todos somos contingentes y solo el bueno de David se refrenda aquí como ese viejo amigo absolutamente necesario.

2 Replies to “David Byrne: «Who is the sky?» (2025)”

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