Puede que a la gran mayoría le resulte muy poco familiar el nombre de Santi Vega, pianista y compositor madrileño al que conocimos a principios de la década de los noventa con un disco hermoso (Isla mujeres, 1992) enmarcado en lo que de aquella se conocía como «nuevas músicas» y que desde entonces se ha ganado la vida casi siempre en el territorio de las bandas sonoras, con cerca de 200 referencias (¡200!) para documentales y películas de todo pelaje. En mitad de esa actividad febril, tan sustancial como también inevitablemente alimenticia, Vega se da ahora el gustazo de abrir un paréntesis y entregar el álbum a buen seguro más personal y genuino de su trayectoria, una colección de piezas para piano solo que supera la hora y cuarto de duración y exige una inmersión en un territorio de belleza, evanescencia, lirismo y ensoñación para el que solo con tiempo, sosiego y ausencia de prejuicios estaremos del todo preparados.

Un instante infinito es, en efecto, un trabajo muy a contracorriente, la apuesta por la serenidad y el ensimismamiento de un creador ultrasensible que se encierra en su guarida particular, un pueblito en la Sierra Norte de la Comunidad de Madrid, para entregar una colección de composiciones entre el jazz contemporáneo y la nueva era, dicho sin ánimo para nada peyorativo. Cuidado: hablamos de un creador que se licenció en el Berklee College de Boston, a buen seguro la universidad musical más prestigiosa del planeta, y que a estas alturas ha interiorizado una cantidad ingente de enseñanzas sonoras, enriquecido por un bagaje que no es ajeno ni a las culturas orientales ni a la sensualidad caribeña, como evidencia a lo largo de los 10 minutos de Habana vieja, la pieza más extensa de la colección.

Claro que un disco solista de piano supone una rareza flagrante en el panorama actual de la música instantánea y afín a la pirotecnia, pero no deja de ser sintomático que Santi apele al espíritu de uno de los superventas más atípicos del siglo XX, Keith Jarrett (ahora que tenemos aún fresca la película Köln 75), para recuperar de él la prodigiosa Ritual prayer, estandarte de aquel álbum de 1988, Dark intervals, que algún día deberíamos analizar a la altura del célebre Concierto de Colonia. Por ahí van los tiros en páginas como Madre o El aprendiz de mago, grandes esfuerzos de trascendencia por parte de un creador personal, peculiar y ensimismado que desde muy pequeño conjugó su pasión por Bach y por Neil Young. Por qué no.

Después de tanto tiempo entrelazando su obra con el soporte audiovisual, brillante en largometrajes como Cortés, un hombre entre Dios y el diablo (2015) o Chavín de Huántar, el teatro del más allá (2016), Vega se desliga de todo para volar con la imaginación y su inconfundible sentido de la espiritualidad. «Dejar de estar cosido a ningún medio audiovisual me ha permitido crear desarrollos largos y entrar en mayores profundidades con absoluta libertad y pureza», nos escribe desde el pueblo de Lozoya. Y añade, sin falsas modestias: «Con este trabajo he tocado el cielo. Es mi humilde regalo a la humanidad».

Suena solemne, desde luego, pero Santi Vega se toma su obra muy en serio. Ahora ya solo falta que sus Lágrimas de esperanza (noveno corte, siete minutos holgados) no se vean derramadas en vano. La poesía del invierno, como ese árbol solitario que el propio Vega fotografió para la portada, nunca está de más entre tanto destello fútil.

13 Replies to “Santi Vega: «Un instante infinito» (2026)”

    1. Me quedó pendiente escribirte algunas palabras sobre un instante infinito Santi. Comentar una obra como la que nos ofreces es hablar de un viaje sonoro que como toda buena música independientemente del estilo nos sana el alma.
      Ideal para momentos de introspección y con un piano en que las notas fluyen como el agua.
      Un disco que no solo se escucha, se habita.
      Genial el homenaje a Kate Jarrett.
      Un abrazo grande y gracias.

  1. Necesitamos en este mundo actual un parentesis para reflexionar: estamos aqui y ahora, y es mundo convulso y rudo pero la musica tuya Santi, nos da un tiempo delicado que lo «SUAVIZA» todo.

  2. Su música nunca se ató a las imágenes, les dio discurso, las ensalzó, les regaló espíritu. Como director de algunas de las producciones de su repertorio, sólo puedo decir que en todos los casos las hizo crecer. Y como guionista la música de Santi me ahorró el texto en muchas ocasiones; era imposible contar con palabras los sentimientos que provocaba su música.
    Ahora esta nueva maravilla. ¡Qué gran disco amigo mío! Gracias por este reglo.

  3. De alguna manera, hacer un comentario de un disco así es clasificar un espíritu sincero consigo mismo. Yo no me veo capaz de poner palabras a esta música porque no alcanzo a definir el arte. Aún así ,me siento en la necesidad de comentar, desde la perspectiva que me dan los años que seguimos compartiendo, que no estamos hablando de un músico que compone e interpreta, estamos hablando de la música hecha carne. Que no os engaña su aspecto humano ni su formación o su currículo que a el mismo guarda en el cajón de su pasado. Sus pensamientos son pentagrámicos y respira a través de sus oídos llenos de ruidos. Cuando tuvo consciencia, de que aquello que le llenaba la cabeza nada mas levantarse era el sonido de una casa llena de músicas, cogió una guitarra y sin más que su atención a los sonidos que emitía cada cuerda, fue capaz de extraer todo el espíritu de la compleja sencillez de HARVEST (Neil Young 1972 )que además cantaba con toda la devoción que puede inspirar un alma que se reconocía como parte indisoluble de ese leguaje universal. Me costó comprender porqué no era yo capaz de algo que en el resultaba tan sencillo. El conservatorio de música de Madrid le dejó tan insatisfecho, a pesar de su reconocimiento de excelencia, que hubo de partir allí donde la música se entiende como una expresión del ser y no como una copia de quienes ya tuvieron la gloria, Berklee College of Music , Boston , USA. Allí comenzó el instante infinito nutrido de todos los sonidos que existen y de los que el insiste en seguir encontrando para deleite de todo aquel que quiera salir de la zona de confort y llegar a la palabra que no se puede expresar de otra manera mas que a través del alma de la música . Gracias por Bebé .

    1. bonitas palabras! ha llovido mucho desde aquellos años en que nos metiamos dentro de la piscina vacía (que hacía de altavoz) a cantar juntos canciones preciosas de James Taylor, Crosby, Neil Young, Joni Mitchell, Peter Gabriel, …
      Todos bebimos de aquella rica fuente de psicodelia, poesía, color, buena música y buen rollo …
      Los tiempos cambian pero la verdad siempre permanece en lo invisible. Y nos va guiando…
      Un abrazo muy fuerte para ti, amigo de la infancia… el camino continúa…

  4. Excelente músico, generoso en sus melodías, sus armonías, sus sentimientos. Es un orgullo ser su amigo y seguir comprobando lo que ya sabíamos muchos desde hace mucho tiempo; un músico excepcional, creativo y libre. Mis mejores deseos para este nuevo trabajo y ojalá nos siga deleitando con la música que emana de su cabeciña chea de ideas y esperanza (que tanta falta nos hace).
    Vamos… ¡Una gozada!

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