Los pianistas siempre parece que tuvieran que llamar a las puertas del rock como de puntillas, con la huella de la timidez en la mirada. Quienes no blanden una guitarra al frente de la banda fueron de toda la vida la excepción, y los que triunfaron desde la banqueta del piano, que además les obliga a una posición más estática y orillada en el escenario, bien pudieran contarse con los dedos de las manos. A Bruce Hornsby no le importó ninguna consideración de estas características a la hora de este debut, que nos lleva hasta 1986. Ni siquiera tuvo que hacer concesiones, digamos, populistas en cuanto a géneros y temáticas: The way it is es el debut de un hombre que ya ha superado los treinta, se fue instruyendo en la retaguardia de la industria musical y supo rodearse de un grupo propio extraordinario, en el que destacaban no solo su hermano (John Hornsby, coautor de la inmensa mayoría de este repertorio) sino también el violinista y mandolinista David Mansfield, con el que una década antes nos habíamos encontrado en la banda de Dylan para su Rolling Thunder Revue. Eran, en definitiva, músicos adultos manufacturando música muy adulta, pero (ay, qué tiempos aquellos) funcionó: estas nueve canciones se plasmaron en dos millones holgados de ejemplares, Hornsby se llevó el Grammy al mejor nuevo artista de la temporada y, para los escépticos, tres décadas más tarde le reivindicaría Justin Vernon, padre de los venerados Bon Iver, como una de sus mayores inspiraciones. The way it is, el famosísimo tema central, tenía las narices de abordar la insensibilidad social en la administración Reagan: Hornsby se había asentado en California pero provenía de un estado del sureste, Virginia, mucho más humilde. En él ya aparecían esos endiablados garabatos melódicos de la mano derecha con los que Bruce consiguió lo más difícil: que su piano fuera reconocible desde la primera pulsación. Había aromas de jazz en este álbum, claro, pero quizá más aún de rock tradicional, góspel o bluegrass: tampoco era común que se hiciera popular un tema como Mandolin rain, definido por el repiqueteo del instrumento que le sirve de título. The way it is es hoy un disco atemporal que nos produce no ya nostalgia, sino envidia: la propia de aquellos tiempos más permeables a la innovación. No solo ha envejecido bien, sino que Every little kiss o Down the road tonight dejan un regusto a fiesta, sonrisa y América genuina como el mejor de los manjares.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *