Hay discos que en su día fueron razonablemente populares y hoy parece haber condenado al olvido el común de los mortales. Existen incluso álbumes que costaría lo suyo encontrar, ya fuera en las estanterías de las grandes tiendas o en las tiendas de segunda mano. Rebel sirve como paradigma en este apartado. El debut de John Miles sacudió las listas de éxitos en 1976 gracias a su apoteósico tema de apertura, Music (ese de “La música fue mi primer amor / y será el último”), pero es curioso que la canción haya pervivido en varias generaciones mientras el nombre de su autor y firmante se difuminaba como una nube pasajera. Visto desde la distancia, puede que este fuera un álbum más excesivo que rebelde, pero también es verdad que incluye toneladas de buenas (y ambiciosas) ideas musicales. Y hasta alguna sorpresa monumental, como el elegantísimo Lady of my life, que podría haber llevado la firma de Stevie Wonder y ser un descarte postrero de Songs in the key of life. O Pull the damn thing down, boyante de cambios rítmicos y no muy lejos de aquel Burn down the mission, de Elton John. Pero el tono general del álbum, claro, era muy distinto: el que marcaban un jovencísimo Alan Parsons (productor) y su arreglista de cabecera, Andrew Powell, con un manejo de los violines como ese mismo año empezaría a resultarnos enormemente familiar a través del Alan Parsons Project. La propia voz de Miles, excelente y de rango amplísimo, se asemejaba a las más agudas en la nómina de Parsons (Lenny Zakatek, por ejemplo: ¿no será él quien se metió a hurtadillas en el estudio de Miles para suplantarle en Everybody wants some more?). Pocos recuerdan ya a John, proveniente del pequeño pueblito inglés de Jarrow. Ellos se lo pierden, de veras.

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