Cuidado con los lapsus geográficos: en contra de lo que pueda sugerirnos la intuición, los chicos de Kiwi Jr. no son neozelandeses, sino de Toronto, aunque el desparpajo que reeditan y afianzan en su tercera entrega parece hacerles más bien cómplices de Jonathan Richman, Robyn Hitchcock, los Attractions y, muy especialmente, Julian Casablancas. Preparémonos para un viaje lúdico y fulgurante, pero tengamos la prudencia de incluir gafas de sol en la guantera, porque los sintetizadores que sobrevuelan todo el disco parecen pensados para una despendolada puesta en escena de luces estroboscópicas.

 

Son ya tres álbumes en apenas otros tantos años los que acumulan estos muchachos canadienses, pero Chopper presenta respecto a sus antecesores la trascendental aportación de un productor, una figura de la que Jeremy Gaudet y sus colegas habían prescindido hasta ahora. El escogido para la ocasión es un debutante en estas lides, Dan Boeckner, cantante y guitarrista de Wolf Parade, que se embarca en el empeño de reforzar la pirotecnia y las luces de neón. Lo notamos en los momentos de mayor acercamiento sonoro a The Strokes, como Contract killers y, sobre todo, Night vision, que parece directamente extraída de las sesiones de Comedown machine (2018). Pero se hace aún más ostensible cuando salen a relucir esos teclados hiperbólicos y fluorecentes, tan descocados que sobrepasan los límites de la new wave o del synth pop, y que en los dos primeros cortes del disco son un acierto sin paliativos: el cáustico Parasite II y, por encima de todo, el arrollador Unspeakable things.

 

Las letras de Gaudet dan para unas buenas risas, mientras en algún caso aislado, como The sound of music, las guitarras vuelven a disponer de algo parecido al protagonismo. No estamos ante un álbum relevante en términos de trascendencia, pero sí de espíritu lúdico y de cantante con un deje chuleta divertido, puede que hasta sexy. Cosas de escuchar desde chavalín a los Monkees y, seguramente con mayor ahínco, a Ric Ocasek y The Cars. No podía salir nada malo de ahí.

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