Tiempo atrás, de chavalillos, todos hemos sentido la tentación de sentirnos especiales y distinguidos. Por eso recelábamos por sistema de los discos que lograban un éxito masivo. Y, en consecuencia, nos removíamos incómodos cada vez que acertaban a sonar en la radio los chicos de Tears for Fears, que venían de rubricar dos números 1 orondos con “Everybody wants to rule the world” y “Shout”, tan pesada y machacona, tan marcial. Lo cierto es que tanto el álbum que las incluía, “Songs from the big chair” (vaya título bonito) como su antecesor, “The hurting” (más colindante con el pop de sintetizadores), eran estupendos, aunque nos chinchase. Pero los últimos reductos de resistencia saltaron por los aires con estas “Semillas del amor”, una entrega madura y rutilante, pop de chaqué y estilazo negroide, a veces medio jazzístico, ante el que solo pudimos ondear la bandera blanca. Siempre pensé que la introducción instrumental de “Woman in chains” con la que se abre el álbum (ese bajo majestuoso, los sintetizadores reiterativos) podía haberse grabado en las sesiones de “So”, de Peter Gabriel. También, que “Sowing the seeds of love” era un homenaje a los Beatles del 67 (esos efectos psicodélicos, esos cornos) desde el primer compás hasta el último. Pero no había nada malo en ello: Roland Orzabal y Curt Smith nunca escribieron nada tan escandalosamente brillante. Y “Advice for the young at heart” ya era desde el título un reflejo de que los de Bath se sentían integrantes para siempre de la edad adulta. Todas fueron sencillos y llegaron lejos, pero “Swords and knives” o “Year of the knife” pueden sumase con alfombra al capítulo de la excelencia. Lástima que Orzaba y Smith terminaran la grabación casi a tortazos, pero… esas cosas pasan…

 

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