Cuatro décadas después de su nacimiento, Marillion no solo es una banda superviviente a la dictadura del calendario y los más diversos avatares, sino que aún se muestra capaz de convertir en acontecimiento cada uno de sus nuevos pasos. Y An hour before it’s dark, primer trabajo en estudio después de los casi seis años transcurridos desde FEAR (2016), se convierte en motivo de celebración tras una espera demasiado prolongada, además de en llamada al asombro después de comprobar la solidez abrumadora de una obra que hace buena, por una vez, la fanfarria publicitaria de la pegatina en portada: “Un clásico instantáneo”.

 

Capaces como pocos de ser complejos a la par que accesibles, estos cinco curtidos apóstoles de la causa progresiva vuelven a recurrir tanto a los temas extensos en forma de suite (hasta cuatro, en esta ocasión) como a la complejidad y compromiso argumental, responsabilidad que recae de manera íntegra en su cantante y piedra angular, Steve Hogarth. Y en la confluencia entre fondo y forma llega la primera de las sorpresas. Aunque An hour before it’s dark aborda cuestiones de ineludible gravedad, en particular la destrucción del planeta en términos medioambientales, la tragedia pandémica de los últimos años o la inminencia del trance mortuorio (el mismo título, “Una hora antes de que oscurezca”, es particularmente bello), la traducción sonora es extrañamente luminosa y revitalizadora, con abundantes pasajes que actúan como aliento y eclosión. Y hasta la inclusión de cuerdas y coros, con el concurso de Choir Noir, aprovecha las enseñanzas adquiridas en los trabajos en directo de los últimos años (With friends from the orchestra, With friends at St. David’s) para bañarlo todo de una serenidad bella y solemne.

 

Todo ello convierte An hour… en el envés, en muchos aspectos, de su predecesor inmediato, aquel FEAR que escondía en el “miedo” del título el acrónimo para Fuck everybody and run. Frente a aquel discurso enrabietado, dolorido y propicio para las diabluras más afiladas del guitarrista Steve Rothery, esta vez predominan los vastos espacios de sosiego y redención (los 11 minutos de Sierra Leone son particularmente hermosos). Y en un intento de alejarse de la espesura sinfónica, Murder machines se erige en uno de los sencillos más rotundos, instantáneos y seductores de la banda en lo que llevamos de siglo.

 

Para afianzar las buenas noticias, Care, la suite con la que finaliza este vigésimo (sí, ¡vigésimo!) trabajo en estudio de Marillion, aporta el aderezo de unos tenues ritmos electrónicos, muy a la manera de aquel Peter Gabriel más sofisticado de los años ochenta. Y es curioso que la banda que nació mirándose al espejo de los primeros Genesis haya terminado componiendo y grabando sus últimos trabajos a lo largo de extensas estancias en los estudios de Real World y siguiendo las enseñanzas solistas de su primer líder.

 

Buena sombra cobija a quien se arrima al árbol adecuado, y los ingleses siempre han sabido apuntar alto sin permitir que la tentación de la inmediatez del pop se filtrara en su torrente sanguíneo. 39 años después de Script for a jester’s tear, estos caballeros ya sexagenarios aún son capaces de permitirse una lección magistral: épica serena, grandiosidad contenida, resiliencia, emoción como un estallido en el pecho. Escuchemos el último tramo de Care, el titulado Angels on Earth, para recuperar la fe no ya solo en el ser humano, sino en el poder sanador y vigorizante de la gran música.

 

 

7 Replies to “Marillion: “An hour before it’s dark” (2022)”

  1. Disco descomunal. Puede que exista, pero yo desde luego no conozco un grupo que tras mas de 40 años en activo publique trabajos de semejante calidad. Marillion son un tesoro y sus seguidores simplemente unos privilegiados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *