A sus todavía muy asumibles y envidiables 41 años, el madrileño Germán Salto tiene la suerte de repartir ocupaciones y desvelos entre dos actividades tan vocacionales como hermosas. La principal es el pilotaje de aviones comerciales trasatlánticos, pero muchos hoteles de medio mundo han sido mudos testigos de la escritura de unas canciones tan impolutas –y tan ancladas en los parámetros del clasicismo y la elegancia– que seguramente se queden suspendidas en el éter durante mucho más tiempo que cualquiera de esos Airbus 380 que nuestro personaje maneja como quien le echa el pie a su monopatín.
El primero de los oficios (presten atención cuando les digan el nombre del piloto, si van a cruzar el charco con Iberia) le asegura una vida próspera y saneada, y buena cosa es que así sea. Pero lo que nos interesa resaltar aquí es que el comandante Salto corrobora en este cuarto disco, y segundo ya en el idioma principal de la península, su condición de músico de muy altos vuelos. Porque Ojo de bife es una colección preciosa y adictiva de 10 canciones con mimbres atemporales, vocación de pervivencia y capacidad para conmovernos como raras veces sucede cuando nos deshacemos del celofán en un elepé de flamante nueva factura.
Este hijo y nieto de aviadores y pariente lejano del escritor Miguel Delibes hizo muy bien hace tres años en abrazar el idioma materno con su homónimo Germán Salto (2022), filigrana de pop barroco que le colocaba como alumno diferido de los irrepetibles The Left Banke. Con Ojo de bife no ha querido mantenerse tantos pies por encima de la corteza terráquea y sobrevuela a más baja altura, siguiendo los parámetros de esa belleza instantánea e imperecedera del mejor americana, aunque con vistas y concesiones a otro género no menos adictivo, el power pop. Y así sucede que ya desde el primer corte, Goliat (hay pocos músicos ahora mismo dispuestos a abrir un álbum con un baladón), afloran a nuestro imaginario los nombres de Jackson Browne, Dawes (¡esos juegos vocales!) o, claro está, The Jayhawks por el carril de Gary Louris (Si te marchas), con la sorpresa de que, de pronto, la adorable Aspas contrarias parece una de esas canciones fabulosas que a Teenage Fanclub ya no acaban de salirles con tanta regularidad.
A todo ese ideario nítido y a un santoral con nombres bien reconocibles (Stealers Wheel, Tom Petty; incluso Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán en Rompecabezas) se aferra Salto con el respaldo de unos cuantos aliados envidiables, empezando por la práctica totalidad de la banda Morgan y por el guitarrista Alberto Anaut (para la gira se incorporará el cántabro Pablo Solo, por seguir en modo delicatessen). Pero aún más relevante es el hecho de que el últimamente hiperactivo Ricky Falkner sea quien asume la producción e imprime al vinilo ese aire orgánico, sereno, detallista y sedoso que caracteriza últimamente su obra detrás de la mesa de mezclas, una verdadera colección de filigranas del pop español. Falkner y Nina de Juan se alternan además con Germán en el protagonismo vocal del mayúsculo Te oí decir, canción enorme que remite, no solo por la garganta rasposa de Ricky, a los mejores momentos de Egon Soda.
Podemos formular algunas objeciones formales, como que Ojo de bife no parece el título más lírico posible para un gran álbum o que «No era tu costumbre renunciar al minibar» tampoco se nos antoja la mejor primera frase para un discazo como este, aunque el único patinazo lírico serio, por innecesario, resentido y hasta misógino, es ese «Sabes mantener el equilibrio entre tocarme los huevos y quererme» (Cada vez) que afea un álbum casi inmaculado. Tanto como para que otro de sus momentos culminantes sea el delicado, inesperado y bellísimo Sobre la maleza, con Salto en la completa soledad de la voz y la guitarra ¡clásica! El amigo Jackson Browne sonreirá si llega a escucharla, pero Ferran Orriols debería hacérsela llegar también al británico Steve Jones, de Heron, ahora que sabemos que son amigos. A la postre, todo lo que sucede en estas 10 postales y lo que las inspira podría haber acontecido antes de alcanzar el año 1980, y ese mismo detalle corrobora la sospecha de que podremos retomar Ojo de bife dentro de una larga temporada y volver a disfrutarlo con el mismo deleite que durante estos últimos días.