El vitriolo y el sentimiento ácido de la vida son características por fortuna muy españolas, y el rock nunca ha sido ajeno, sino más bien consustancial, a ese gusto por observar con ojo crítico; a incordiar, denunciar y tocar las narices. El espíritu incisivo también es consustancial a Ingresó Cadáver, un cuarteto de Villena (Alicante) que lleva operativo más de dos décadas, pero publica ahora el que solo es su segundo álbum, siete años después de inaugurar la producción con El hombre comestible (2012). La enfermedad perfecta, una referencia a la “industria del dolor” (¿la farmacéutica?, ¿la armamentística?), pero puede que también a la melomanía como una bendita adicción, incrementa el gusto por los contenidos cáusticos a partir de un continente guitarrero y furibundo, pero mucho más vigorizante que estruendoso. “Caos-rock”, gustan de llamarlo ellos, una definición simpática que no alcanza para cubrir todos los matices de un trabajo tan sabroso. Aunque solo fuera por su presentación física (la versión digital llevaba ya algunos meses en las plataformas), La enfermedad perfecta merecería un hueco en nuestra estantería: junto al consabido libreto con las letras, el grupo ha incluido un panfleto en forma de prospecto (“Qué es Ingresó Cadáver y con qué fines se utiliza”, “Qué necesita saber antes de empezar a escuchar La enfermedad perfecta”, etcétera) que constituye uno de los golpes de efecto más ingeniosos, hilarantes y gozosamente demenciales de nuestra escena roquera. Una maravilla. El gusto por la sátira se avivó hace un par de años con Cayetano, la gran puesta de largo de los hoy ubicuos Carolina Durante; y conoce prolongación en formaciones tan salvajes y brillantes como Camellos. Ingresó Cadáver ya estaban antes y, puestos a buscar paralelismos, pueden recordarnos más al perfil más eléctrico y de colmillo retorcido de León Benavente. En todo caso, la malignidad de su entrega es tan perfecta como para que se expanda a velocidades víricas. Basta con que nuestras papilas gustativas entren en contacto con Hipnosis, que empieza con un recitado en torno a la Muñeca vestida de azulde la cantinela infantil para terminar en una melódica apoteosis de guitarra y dejar entre medias la reflexión más salvaje de todo el álbum: “Le sobran cinco kilos para ser feliz, le falta un gramo para estar mejor”. O Reventar de amor, que es un single directo, sobresaliente. O esas puñaladas despiadadas, “Alcanzar los sueños horas antes de morir / Traspasar la meta cuando no espera nadie”, con que abre boca No te esperaré despierto, el tema inaugural. Mucha tela que cortar: hay enfermedades de las que no importa infectarse.

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