Muchos de quienes amamos a Roxy Music llegamos en España hasta ellos a partir de los grandes éxitos en la segunda mitad de su discografía, esos temazos sedosos (Avalon, Dance away, More than thisOh yeah) que consagraban a Bryan Ferry como el dandi más elegante y seductor sobre la faz del planeta, el hombre más indiscutible a la hora de lucir una pajarita. Todo ello contribuyó a que aún resultara más conmovedora la experiencia de descubrir a los Roxy primigenios, esa banda revolucionaria que desbarató a principios de los setenta todo lo que tuvo a su alcance. ¿Cómo no adorar a una banda que debuta con un disco sencillamente espectacular y, menos de un año más tarde, es capaz de concederle un sucesor todavía más sensual y asombroso, titulado sin mayores rodeos Para tu placer? Ya, ya sabemos que por allí también andaban Phil Manzanera o Andy McCay, personalidades capitales en cualquier banda, también en esta. Pero nada habría alcanzado las dimensiones que finalmente acredita For your pleasure de no ser por el concurso –o, más bien, confrontación– del propio Ferry y el teclista, compositor y genio solapado Brian Eno, uno de los poquísimos músicos en todo el mundo capaz de hacerle sombra. De ahí la rivalidad, el recelo y, en último extremo, la incompatibilidad, que se traduciría en el portazo fulminante de Eno nada más finalizar estas sesiones traumáticas pero prodigiosas. Hay pocos sencillos tan marcianos y adictivos en la historia del pop como Do the strand, con su ritmo dislocado, ese saxo escandaloso, la melodía a voz en cuello… y, pese a todo ello, la virtud de adherirse para siempre a nuestra memoria auditiva. Sucedía un tanto de lo mismo con Editions of you, la otra pieza más difundida del trabajo, una obra de arte que quizá hoy acabara resignándose a la autoedición: casi nadie entendería a la primera ese sonido de rock alterado, de pataleta. Y muy pocos comprenderían que In every dream home a heartache no deja de ser, a su manera, una monumental balada de (des)amor. La colisión Eno/Ferry se hace manifiesta en The bogus man, nueve minutos durante los que cada uno tensa la cuerda para su lado. Es el relato sonoro de una rencilla, de un inolvidable big bang.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *