Desde Granada, procedencia inmejorable para la música popular de este país, asoman ahora estos dos tipos jóvenes, refrescantes, impíos y desprejuiciados, Javier Sola y Juan Carlos Ruiz, que en un intento simpático de despejar ecuaciones, cábalas, categorías y juicios de valor se presentan a sí mismos como “una especie de Pete Doherty y Carl Barat disfrazados, por momentos, de Juan Perro o Willy Deville”. El retrato es simpático y nada descabalado, sin duda, aunque basta con colocar la aguja sobre el primer corte, Delante de mí, para sospechar que de chavalines también ejercieron, como tantos otros de su quinta, una cierta dosis de calamarismo. Y que si han escarbado en caminos históricos no tan trillados del pop español con sabrosura, habrán oído hablar de Especialistas y Ciudad Jardín antes o después. 

Un inciso, y aquí va la sorpresa: los Lima nacieron en Calahorra (La Rioja) e intentaron buscarse las habichuelas musicales en Londres, una ciudad que parece haberles resultado más bien refractaria. Esa biografía ambulante puede contribuir a que ninguna de sus características más acusadas parezca muy propia de la ciudad que alumbró a luminarias como 091, Niños Mutantes, Lagartija Nick o Los Planetas, pero tampoco nos resistamos a encontrar ciertas trazas: a fin de cuentas, Juan Carlos y Javier provienen de esa generación que aplica el desparpajo para la búsqueda de aromas y sabores, siempre más predispuestos a que las influencias sedimenten de manera mucho menos planificada que intuitiva. Y eso es lo que más se agradece en este Peligros que no hace honor a su nombre: a Lima Negra no les asusta el batiburrillo estilístico, pero siempre les pueden las ganas por volverse contagiosos y coreables, como buenos instigadores de abrazos que se les ve. 

Con Pena y dolor o Regalo envenenado como himnos ya incontestables, Peligros representa una lenguaraz puesta al día de los anhelos y catástrofes sentimentales. Puede que en ese empeño por la “honestidad brutal”, ya que insinuábamos antes la conexión, se cometan algunos excesos puntualesTe dolió, canción sobre noches en vela, resacas y folleteos añorados, hoy puede parecer descarnada y en poco tiempo se volverá simplemente ramplona; o María Isabel, que parece prometer evocaciones veraniegas y es valiente en su apuesta por trompeta y ukelele, acaba encallando en una melodía demasiado simplona.

Hablamos de traspiés puntuales, compensados con creces en cuanto recalamos en la espontaneidad franca y radiante de Barbarie en armonía Teoría del arrepentimiento, valiosas ya desde sus mismísimos títulos. Los ha fichado Montgrí, el sello de Cala Vento, así que seguiremos sabiendo de sus andanzas. Ojalá que así sea.

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