Los años han vuelto cada vez más travieso a Paul Simonon, que de sus enfurruñados tiempos juveniles como bajista de los Clash ha ido evolucionando hacia formulaciones mucho más tiernas, guasonas e inexploradas, como ha mostrado con su implicación en The Good The Bad and The Queen y en Gorillaz. Pero nunca había concebido nada tan personal, peculiar y descomplicado como este estreno a dúo junto a la cantautora Galen Ayers, una mujer con muchos menos galones que él pero un pedigrí irrebatible, en su condición de hija de ese genio disperso y epicúreo que fue Kevin Ayers. Los dos se embarcan en esta colección juguetona, un artefacto inteligente pero no sesudo, una invitación a la sonrisa que, por su propio espíritu librepensador, solo podía encontrar su partida de nacimiento en el archipiélago balear.

 

Ha explicado Simonon que pasó lo más crudo del confinamiento en un pueblito mallorquín, aprovechando para escribir canciones de espíritu manifiestamente escapista y pintar esas bonitas siluetas naïf que han terminado sirviendo para ilustrar la portada y el interior de este álbum. Con el levantamiento de las restricciones, siguió empapándose de la cultura local por la vía del contagio directo, actuando en los cafés de Palma y compartiendo experiencias con los músicos y el paisanaje isleño. Y a la hora de encontrar una aliada, la figura de Galen cumplía con todos los requisitos; más allá de su voz preciosa y un punto cándida, ella conoce mejor que nadie el hechizo de rincones como Deià, donde residió y fue inmensamente feliz su padre, hasta el extremo de grabar hace cuatro décadas un elepé denominado Deià… vu.

 

Y así es que Can we do tomorrow another day? se erige en una obra ligera y nada trascendental, pero en absoluto descuidada. Al contrario, todos los involucrados integran con merecimientos la aristocracia del pop mundial, comenzando por el productor, el más que ilustre Tony Visconti (¡Bowie!) y prosiguiendo por una alineación en la que se integran músicos de The Verve, David Byrne o Big Audio Dynamite, con la guinda del mismísimo Damon Albarn, que para eso están los amigos, jugueteando con la melódica en un par de temas. Muchos de ellos, hasta cuatro, en (casi) perfecto español, por honrar su partida de nacimiento e impregnarlo todo de esa perezosa luz del atardecer en el Mediterráneo. Una maravilla.

 

En justa correspondencia, Paul escribe canciones al modo de los viejos bucaneros, inspirándose en la música marinera de la tradición anglosajona. Y Galen hace justicia a sus conexiones francesas a través de ese I’ve never had a good time… in Paris que conecta con la chanson, aunque sea de esa manera liviana y sui géneris que representa el espíritu mismo del tándem. La complicidad entrañable entre los dos recuerda de alguna manera, y salvando las distancias, a Paul Heaton y Jacqui Abbott, con su apuesta por canciones nada pretenciosas y económicas en cuanto a expresión: protagonistas, acompañantes y productor parecen conjurados para evitar cualquier asomo de floritura, en contra de lo que por cualificación y currículo les podría corresponder. Escuchemos esos tecladitos baratos de Room at the top y lo comprenderemos todo mejor. Divirtámonos con la simpatía cándida de Hacia arriba y la sencillez instantánea, cotidiana de Lonely town. Y disculpémosles que la segunda mitad les haya quedado algo más desaseada que la cara A, sencillamente deliciosa.

 

 

 

4 Replies to “Galen & Paul: “Can we do tomorrow another day?” (2023)”

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