Sí, ya sé que el canon señala el (en todos los sentidos) monumental “All things must pass” (1970) como el gran disco en solitario de Harrison, acaso el mejor de cuantos álbumes llegaran a grabar por su cuenta cualquiera de los cuatro Beatles. Todo ello está muy justificado y a estas alturas resulta seguramente irrefutable, pero este esperadísimo sucesor (que, por extraño que parezca, vendió mucho pero cayó enseguida en el olvido, como si de una obra menor se tratase) disponía de una baza contra la que ningún otro álbum puede competir. Se titula “Give me love (Give me peace on Earth)” y no encuentro ningún otro argumento mejor para la emoción en ninguno de los álbumes de los Fab Four. Es ternura en estado puro; irradia una espiritualidad que podemos abrazar desde los crédulos a los más escépticos, incluye la quintaesencia del sonido “slide” que el Beatle Silencioso patentó en aquellos años y me sitúa en la bendita tarde en que, siendo todavía un chiquillo, la escuché por vez primera en una selección que un amigo de la familia nos había proporcionado en una vieja cinta virgen de marca blanca (aunque entonces, evidentemente, no sabíamos qué demonios era eso). “Living…” puede resultar demasiado solemne hasta en su título, pero incluía también la joya acústica “Don’t let me wait too long”, traía a la memoria el “Across the universe” de sus antiguos compañeros con “The day the world gets round” y tiraba de su consabido humor, o mala baba, para “Sue me, sue you blues”. Incluso había hueco para “Try some, buy some”, que Harrison había ofrecido por aquel entonces a Ronnie Spector. “Living” es, como sugiere “The light that has lighted the world”, un disco que ilumina. Eso tan necesario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *